7 Y 8 de diciembre. Llegaba al fin uno de los platos fuertes
de este XV Aniversario, nuestra participación en el III Congreso Nacional de
Bandas de Música Procesional en Sevilla. 2 jornadas inolvidables.
Muchos componentes ya habían partido hacia Sevilla el día 6,
pero el autobús con el “grueso” de la banda salió a las 4 de la mañana del sábado
7 hacia la capital hispalense, llegando a las 11:30 aproximadamente. La mayoría
de componentes se dirigieron hacia los Jardines de Murillo para disfrutar de
las bandas que tocaban por la mañana, Cigarreras, Triana, San Juan Evangelista,
El Sol…
Después de comer era nuestro turno, pero previo a ello, nos
reunimos en la calle Betis para inmortalizar a la banda a orillas del
Guadalquivir, con el bello y famoso puente de Isabel II, más conocido como el
de Triana.
A continuación la formación recorrió toda la calle Castilla
para llegar a la Basílica Menor del Santísimo Cristo de la Expiración, el
Cachorro. Agradecer la calurosa acogida de la Pontificia, Real e Ilustre
Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio en su Dolor y
Gloria.
La banda fue entrando hasta el altar de la recoleta capilla,
donde a pesar de la lejanía pudimos observar muchos rostros conocidos de amigos
nuestra tierra que habían ido al igual que nosotros a disfrutar del congreso.
Bajo la protección de la Virgen del Patrocinio y el Cristo de la Expiración se
suceden las marchas Bendición, Amor de Madre, Madre… y sin darnos cuenta
llegamos a la Marcha Real.
Para finalizar el presidente de la asociación, Fernando
Monge entregó al hermano mayor, Marco Antonio Talavera Blanco, una escultura
conmemorativa realizada por nuestro antiguo miembro, Saúl Velázquez. A su vez,
la hermandad nos entregó un precioso cuadro del Cachorro. Entre las lágrimas de
numerosos componentes el hermano mayor elogio nuestro trabajo y abrió el ábside
donde está ubicada la venerada imagen para que pudiésemos estar más cerca de
él. Cada uno le tributo su cariño como su corazón le dicto, unos besando el
madero, otros rozándolo con la mano, algunos tocando la boquilla con el
travesaño, pero todos con la admiración que tan portentosa imagen despierta.
Una vez acabado el concierto se sucedieron los abrazos y la
emoción. Los nervios habían merecido la pena. La Sagrada Lanzada había tocado
por primera vez en Sevilla, pero no sería la última. Tocaba reponer fuerzas y
descansar para otra jornada irrepetible
.
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